Juan Antonio Martínez Camino, en el centro, durante la presentación de la nueva edición de la Biblia patrocinada por el Banco Popular,

Juan Antonio Martínez Camino, en el centro, durante la presentación de la nueva edición de la Biblia patrocinada por el Banco Popular.

Por JOAQUÍN SÁNCHEZ SÁNCHEZ / He sentido una gran indignación, además de un desgarro en mi corazón, cuando he visto que en la Biblia, con el añadido de versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, tiene en la contraportada la colaboración económica del Banco Popular, lo cual ha hecho que el precio sea de 4,90 euros. Si algo no me podía imaginar era que un banco, en este caso el Popular, subvencionara la Biblia.

Estoy muy indignado porque este banco es durísimo con las familias a la hora de negociar sus hipotecas, las cláusulas suelo, la dación en pago, etc. No tiene ningún miramiento con las familias y como me decía un trabajador de esta entidad, que sus dirigentes y gestores tratan a los trabajadores de una manera humillante, sin consideración. Me comentaba este amigo que “tratan mejor a los ordenadores que a nosotros”.  Este banco es igual que los demás bancos del sistema financiero convencional, pero el dato de subvencionar biblias para que sean más baratas me parece algo hipócrita, inmoral e indecente.

La Biblia habla de amor, de compartir, de fraternidad, de respeto, del perdón de las deudas, no solo las ofensas, de la dignidad… Se condena la usura, la explotación, la avaricia, la codicia, la ambición y el poder. El sistema financiero es precisamente eso que condena los textos bíblicos: usureros, explotadores, deudores, avariciosos, codiciosos, ambiciosos y poderosos.

La pregunta que me hago es: ¿Cómo es posible que el Banco Popular colabore con un libro como la Biblia que en su contenido está denunciando sus prácticas financieras de una manera clara y evidente?  Aquí entra en juego la Conferencia Episcopal Española, y más personalmente creo  que Rouco Varela, que tiene un control férreo sobre ésta junto con Juan Antonio Camino. Es obvio que ha sido desde la propia Conferencia Episcopal Española quien ha demandado esta colaboración, no sé si por las relaciones  no explícitas de este banco con el Opus Dei. Lo que voy a decir a continuación quiero que se entienda bien, sin ánimo de hacer daño, pero me parece que nos puede ayudar a entender esta situación. Si una empresa que se dedica a fabricar preservativos se ofreciera a colaborar en la publicación de la Biblia, sería noticia, se produciría un gran escándalo y los obispos serían durísimos con la propuesta de esta iniciativa. Posiblemente habría muchísimos comentarios en las redes sociales. Si me preguntaran qué es más dañino, un banco o una fábrica de preservativos, yo diría que esta fábrica produce un objeto que no es dañino; en cambio, el banco sí es dañino, porque han sido, entre otras cosas, los que han provocado esta estafa financiera y son el poder fáctico en nuestro país, presionando para convertir nuestra tierra en un mercado donde todo se convierte en un negocio, como lo hemos visto que se está haciendo con la sanidad, la educación y la política social. Han dejado a los españoles sin futuro.

¿Por qué la Conferencia Episcopal Española ha aceptado este apoyo? Porque son cómplices de los poderosos económicos, al igual que muchos de nuestros políticos. Los que tienen el dinero, y además de ser inmorales, han conseguido que muchas instituciones a niveles de dirigentes les sean sumisos, obedientes y estén al servicio de los intereses económicos de los enriquecidos.

Hay creyentes que desde su fe están involucrados en las PAHs (Plataformas de Afectados por las Hipotecas) y otros movimientos  sociales, porque los textos bíblicos nos interpelan al conflicto con ellos desde la resistencia y la no violencia. Personalmente he ocupado dos bancos populares, uno en Cehegín y otro en Bullas, porque mi fe me lleva a estar con la gente.

Hay un texto bíblico de San Mateo 6, 24 que dice lo siguiente: “Nadie puede estar al servicio de dos amos, porque aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y el dinero”. Hay personas dentro la Iglesia Católica que son indiferentes, porque en sus actuaciones el dinero y Dios aparecen juntos, dicen que sí se puede servir a Dios y al dinero a la misma vez.

Insisto que cuando vi en la contraportada que el Banco Popular había financiado la Biblia, sentí un dolor en mi alma, viendo el inmenso sufrimiento que los bancos están causando a las personas, a las familias y a la sociedad. La Iglesia no puede venderse a los que tienen el dinero, tiene que ser una instancia que continuamente llame a los valores evangélicos como son el compartir, la fraternidad y la defensa de la dignidad humana. Hace un inmenso daño esta unión de bancos con la iglesia, de banqueros con obispos, en definitiva,  ser servidores de los que tienen el dinero, dejando la fe a un nivel meramente espiritualista. La fe nos lleva a estar con los empobrecidos.

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