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Por JOAQUÍN SÁNCHEZ / ¡Dios mío, cómo ha cambiado la situación en la iglesia con el hermano Francisco! Durante los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI una minoría hemos sido críticos con sus decisiones y actuaciones y en cambio, una gran mayoría ha alabado estos dos papados, aunque se han desmarcado de la decisión de renuncia de Benedicto XV. Pienso que ha sido una decisión, además de inteligente, pensando en el futuro de la iglesia en Europa. Los que antes estábamos tristes y angustiados con Juan Pablo II y Benedicto XVI, ahora estamos ilusionados y esperanzados con el Papa Francisco. Y, al revés, los que estaban ilusionados con estos dos pontificados, ahora están tristes y angustiados. Y, sobre todo, lo que llama la atención es que los que decían que había que obedecer al Papa en todo lo que decía, menos en la Doctrina Social de la Iglesia, ahora digan que lo que está diciendo no es de momento magisterio y muestran su discrepancias con él, unos pocos en público y la inmensa mayoría en privado.

Desde el primer momento ha realizado gestos llamativos, que daban que pensar y que anunciaba posibles cambios. Se decía, y eso lo pensaba yo en un principio, que podía ser de cara a la galería, para sacudirse el polvo de una iglesia que oscilaba entre conservadora y ultraconservadora. El primer indicio que tuve que iba la cosa en serio fue cuando vi cabreados a los del Opus Dei, Neocatecumenales, sacerdotes conservadores, algunos obispos, políticos de derechas… En ese momento pensé que mis dudas y recelos debían convertirse en certezas que abrían caminos nuevos. Esta certeza se confirmó con la actitud del portavoz de la Conferencia Episcopal Española Juan Antonio Camino, que  crítico a Francisco, utilizando la ironía, tal vez porque sea jesuita.

No es de extrañar, que en las homilías y en declaraciones se nombre poco o nada a Francisco y, en cambio se esté nombrando continuamente a Juan Pablo II y en menor medida a Benedicto XVI, que creo que no se le perdona su renuncia. Tampoco es de extrañar que en la Plaza de San Pedro del Vaticano se vean muchas menos banderas españolas. El nacionalcatoliscimo está de luto y cabreado. Este Papa no es de Franco ni añora el franquismo, además decir que él nunca ha sido de derechas ha sido el colmo para muchos católicos que entienden que el catolicismo es de derechas y los que votan a la izquierda van al infierno. Si a esto le añadimos que ha dicho que “la Curia Romana es la lepra del papado”, que existe un lobby gay y que no sabe cómo resolverlo, que no es nadie para juzgar a los homosexuales… el enfado ha ido en aumento. Según un estudio de Metroscopia hay mayor aceptación de Francisco entre los católicos no practicantes que entre los católicos practicantes. A esto se le puede añadir que hay más aceptación entre la izquierda que en la derecha, entre los empobrecidos que entre los enriquecidos, entre los trabajadores que en los empresarios. Antes, los de derechas, los enriquecidos, los empresarios se encontraban identificados por los papados anteriores, que aunque es verdad que la Doctrina Social de la Iglesia se había enriquecido, también eran conscientes que era papel mojado y que al final sus intereses basados en la codicia, en la avaricia, en el lujo, en la envidia, en la gula, en el poder… estaban absolutamente legitimados por las actuaciones, unas veces públicas y en otras ocasiones refrendadas en privado.

El otro día me comentaba un amigo agnóstico y de izquierdas que había más esperanza de justicia y solidaridad con este Papa que en muchos políticos de izquierdas con capacidad de gobierno, haciendo referencia expresa al presidente francés Hollande. Creo que lleva razón, porque hay políticos de izquierdas que son capitalistas y eso es incompatible. La izquierda debe ser socialista, comunista, anarquista, etc.

Mucha gente teme por la vida del Francisco, yo también, porque los cambios que pretenden toca de raíz la vida de la Curia. Una vida de dinero, de poder, de confort, algunos afirman que de sexo por el sexo, de conexiones con la mafia, con el blanqueo de dinero y de inversiones especulativas y contrarias al Evangelio. También toca la función de la religión, que ya no es legitimadora del poder económico ni político, sino que está al servicio de los empobrecidos no sólo como doctrina, sino como vida, de ahí su afirmación que quiere una “Iglesia de pobres y para los pobres”. Por tanto, una iglesia que entra en conflicto con los poderosos de este mundo, que no creo que se vayan a quedar de brazos cruzados. Todo esto se une a una concepción de la jerarquía que piensa que sus decisiones ordinarias son cuasi divinas, por tanto, no admiten discrepancias, aunque con el Papa Francisco discrepan totalmente sobre todo cuando ha dicho que no quiere “sacerdotes funcionarios” ni “cardenales de aeropuerto”.

La verdad que el hermano Francisco ha sido un revulsivo para para creer en la utopía y luchar por ella. Es un motivo de esperanza no sólo para la propia Iglesia y más en concreto la europea, sino también para la propia sociedad. Este Papa es una buena noticia para los pobres y una pésima noticia para los ricos, los militares y muchos que llevan sotanas, porque contra esta deshumanización, nos pide ser revolucionarios y rebeldes.

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