Por JUAN GARCÍA CASELLES / Lo más curioso de la actual campaña no son las meteduras de pata del Cañete, ni las del “accidente” de Eguiagaray, ni los botellazos al coche de Montoro, ni de las chorradas de unos y otros que, al parecer, solo sirven de pasto para que sobrevivan unos cuantos periodistas y la infinita multitud de tertulianos que nos abruman desde radios y teles. Lo más curioso es la acusación del PP al PSOE de ser un derrochador y de haber causado la ruina de España, dos acusaciones que son evidentemente falsas. 

Conviene recordar que, cuando la economía estaba en lo más furioso de la ola de crecimiento, Zapatero, en vez de repartir, que era lo suyo, se dedicó a ahorrar, a bajar los impuestos (que, además, era de izquierdas), a crear una reserva de la Seguridad Social y a cerrar los presupuestos con superávit, amén de reducir la deuda pública a los límites más bajos de la historia moderna. Con todo lo cual le hacía el caldo gordo a la burguesía porque su política social, en lo económico, se limitaba a subir un poquillo el salario mínimo y a redistribuir las cantidades destinadas a pagar las pensiones para aumentar algo las pensiones mínimas.

Respecto a la acusación de que causó la ruina de España, todos sabemos que la crisis económica se fraguó en la economía global y es concederle mucho poder a Zapatero para suponer que él solito se inventó las hipotecas subprime e hizo explotar la burbuja inmobiliaria en todo el universo mundo y, a continuación, causó la ruina de muchos grandes bancos.

Pero lo más sorprendente es que el PSOE no se atreve siquiera a desdecir tamañas tonterías y acusar a Rajoy señalando su tendencia pertinaz a mentir con el mayor descaro. ¿Por qué? No estoy yo en la cabeza de los jefes sociatas, pero me huelo que el problema es que no pueden decir que no pudieron hacer nada en materia económica porque no tienen el poder necesario para imponerse a las multinacionales. Esto pondría en
evidencia todos sus programas económicos, que parten del principio de que, ocupando los lugares del poder político del Estado, disponen del “poder”.

Naturalmente, si ese poder no es poder bastante como para manejar la economía con un mínimo de racionalidad, el resto de sus promesas en materia económica (redistribución de la riqueza, política fiscal, persecución del fraude y de la corrupción, justicia igual para todos, etc,) se caen por su propio peso. Así que prefieren agachar la cabeza y aguantar el temporal esperando que la gente les vote por aquello que, del mal, el menos.

Claro, así les van las cosas, porque a pesar de las muchas rufianadas de los peperos, ellos siguen bajando en intención de voto. Quizá lo que ocurre es aquello de que todo poder, si no corrompe, por lo menos entontece y, a estas alturas, las neuronas ya no les dan para más.

Evidentemente, el PP no tiene este problema, porque ellos se limitan a obedecer a la gran burguesía mundial (y por eso nunca les llaman la atención). Y ahora, por su buen comportamiento y de cara a las elecciones, les bajan la prima de riesgo, les elogian desde el FMI y Standard & Poor’s sube la nota de la deuda española por la mejora económica. ¡Ele!

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