participacion-ciudadana-3Por JOAQUÍN SÁNCHEZ SÁNCHEZ / Viendo las reacciones en contra por la victoria electoral en Grecia de Siryza, utilizando calificativos durísimos y apocalípticos, creo que estamos en un mundo que quiere consolidar de una manera definitiva el pisotear al ser humano y destruir todo aquello que suponga garantizar una existencia donde cada persona pueda vivir en paz, armonía y en justicia. Hemos escuchado una y otra vez relacionar a esta formación con palabras como ´radical´, ´peligro´, ´inestabilidad”´, ´amenaza para la Unión Europea´ y algunos calificativos más. Éstos se han extendido tanto ahora como en el pasado a movimientos sociales, Podemos, IU, movimientos ecologistas, etc. Hay un intento planificado y orquestado de que la opinión pública identifique estos movimientos sociales y políticos a escenarios desastrosos y de un futuro tenebroso.

Reflexionando sobre todo esto, en el fondo estos calificativos se aplican a quienes quieren otro mundo posible y necesario. Vamos a reflejar quienes son.

Si usted quiere hacer políticas que no impliquen que la gente pase hambre o muera de hambre es un radical peligroso.

Si usted quiere que la vivienda sea un espacio inviolable, sin desalojos ni desahucios por los bancos, es un radical peligroso. Si usted quiere que la gente tenga un trabajo estable, digno y seguro es un radical peligroso. Si usted quiere una sanidad universal, pública y accesible a toda la ciudadanía, en cualquier rincón del mundo, es un radical peligroso.

Si usted quiere que la persona que se encuentra en una situación de pobreza y exclusión tenga unos servicios sociales que desde el acompañamiento les permita la dignificación es un radical peligroso.

Si usted quiere que el planeta no se destruya por el cambio climático, el consumismo y el productivismo es un radical peligroso. Si usted quiere pensiones dignas para que nuestros mayores puedan disfrutar de sus últimos años y puedan despedirse de esta vida con calidad es un radical peligroso.

Si usted quiere que la deuda entre banqueros (españoles, alemanes, franceses, chinos, norteamericanos) la paguen ellos y no los ciudadanos en recortes sociales y laborales y privatizaciones es un radical peligroso.

Si usted quiere una democracia participativa, directa y sin corrupción es un radical peligroso.

Si usted quiere que las transacciones financieras se regulen, entre otras medidas con la tasa Tobin, y desaparezcan los paraísos fiscales es un radical peligroso.

Si usted quiere impedir que el 1% de la población (élites económicas y financieras) acumulen el 99% de la riqueza mundial y el 99% disponga sólo del 1% es un radical peligroso.

Si usted quiere que la gente viva con dignidad, que los políticos estén al servicio de la gente, de toda la gente sin excepción alguna, es un radical peligroso.

Si usted quiere la libertad y no la represión y que el acceso a la Justicia sea posible independientemente de la situación económica es un radical peligroso.

Si usted quiere que la vida no se mercantilice y todo se convierta en negocio para los enriquecidos es un radical peligroso.

En definitiva, si usted quiere una humanidad de todos y con todos, una humanidad basada en la justicia, la igualdad, la redistribución de la riqueza, el amor, la fraternidad, la paz y el perdón es un radical peligroso. Los defensores de los derechos humanos son un peligro.

¿Quién dice esto de una manera muy orquestada y que vaya calando en nuestra cabeza? Son los capitalistas, los que han provocan el hambre, la falta de agua potable, el no acceso a los medicamentos, los desalojos, los desahucios, el trabajo precario y esclavo, los que recortan la vida digna. Además, tienen como cómplices a Gobiernos y organismos internacionales.

Los que provocan tanto sufrimiento y dolor humano quieren aparecer como la gente buena, equilibrada, razonable y decente. Son unos miserables sin conciencia, sin escrúpulos y sin ética.

El mundo al revés. A la buena gente que quiere vivir y dejar vivir la definen como personas destructivas y la tachan de antisistema; la gente mala, utilizando todos su medios, que son innumerables, aparecen como los defensores de la prosperidad y el bienestar, utilizando la mentira, la manipulación y el miedo como estrategias.

Seguiremos siendo radicales y peligrosos porque nos gusta que la gente pueda vivir tranquila y sin amenazas, que pueda saborear la vida y ser feliz.