Domingo 12 de mayo 2019 (IV de Pascua) / Hechos 13, 14.43-52; Salmo 99; Apocalipsis 7, 9.14b-17; Juan 10, 27-30.

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Por JOSÉ LUIS BLEDA / Ya estamos en el cuarto domingo de Pascua, el del Buen Pastor, un domingo en el que la Iglesia nos invita a orar por nuestros pastores, por quiénes han recibido la ordenación sacerdotal o la episcopal, como nuestro obispo auxiliar, Sebastián, por las vocaciones a consagrar su vida, y de manera especial por las vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal en los territorios de Misión. Mirar a los pastores al tiempo de sentirnos todos parte del único e inmenso rebaño de Cristo.

Llego a este domingo con los ecos del testimonio de Ehsan Ullah Khan, paquistaní, periodista, incansable luchador en contra de la esclavitud infantil en Pakistán y en todo el mundo, ha sido un auténtico regalo de Dios poder acompañarlo en sus visitas a distintos institutos de Secundaria, y ver cómo se hace realidad lo que se nos dice en las lecturas de hoy. Cuando los judíos no escuchan, lo hacen los gentiles, pero el mensaje liberador del Evangelio se sigue proclamando y cada vez hay nuevos discípulos y apóstoles. Cuando los cristianos no lo hacemos, no nos fijamos en el sufrimiento de los descartados, de los pequeños, de los preferidos y escogidos por el Señor, lo puede hacer un musulmán, como Ehsan, y, no me cabe ninguna duda, este con la fuerza del Espíritu convertirse en apóstol y paladín de una causa tan justa como evangélica, como puede ser la abolición de la esclavitud y del trabajo infantil en el mundo;  y, eso, mientras que las gentes distinguidas, como las señoras que se vuelven contra Pablo y Bernabé, se visten en Zara, Mango, H&M,…, sin preguntarse ¿quién ha confeccionado sus ropas? ¿cuánto han cobrado? ¿cuánto sufrimiento puede haber detrás de lo que consumimos?

Estoy leyendo la exhortación apostólica Vive Cristo, la recomiendo, y permitirme, aunque alargue el texto de la reflexión, copiar el número 76 de la misma, me han llegado al corazón junto al testimonio de Ehsan y me permite ver en el Papa Francisco a un buen Pastor que ama a sus ovejas: “Quizás aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: ¿Yo aprendía a llorar? ¿Yo aprendía a llorar cuando veo a un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por la sociedad como esclavo? ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? Intenta aprender a llorar por los jóvenes que están peor que tú. La misericordia y la compasión también se expresan llorando. Si no te sale, ruega al Señor que te conceda derramar lágrimas por el sufrimiento de los otros. Cuando sepas llorar, entonces si serás capaz de hacer algo de corazón por los demás.

Los afligidos, los que lloran, los que sufren, esos son la multitud de la que se nos habla hoy en la segunda lectura, en el Apocalipsis, la multitud que ha blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero, ellos son los que forman parte de ese inmenso rebaño que pastorea el Cordero, son las ovejas que escuchan la voz del Señor, como se nos indica en el Evangelio, y yo puedo ser parte de ellos, si no lo soy porque sufro, porque estoy siendo perseguido, explotado o paso necesidad, puedo serlo por ser capaz de llorar ante su sufrimiento, de empatizar con ellos, de sentir como propio lo que ellos sienten, y desde ahí, seré capaz de ser pastor para ellos, a imagen del Buen Pastor que es Cristo.

Al inicio de su pontificado, Francisco expresó su deseo de querer una Iglesia pobre con los pobres, ahora nos invita a ser comunidades capaces de abrazar, de tener gestos de amor y consuelo, de realizar ayudas concretas hacia los que sufren,… Eso es ser pastor a imagen del Buen Pastor.

Ojalá seamos capaces de hacer vida esta Palabra, esta imagen del Buen Pastor, siguiendo el ejemplo de Cristo y la exhortación del Papa Francisco. Si no lo somos, otros, musulmanes, ateos,.., lo harán, pues Dios nunca ha dejado a sus hijos, a su rebaño, solo.

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