Domingo 16 de junio 2019 (Fiesta de la Santísima Trinidad) / Proverbios 8, 22-31; Salmo 8; Romanos 5, 1-5; Juan 16, 12-15.

Por JOSÉ LUIS BLEDA / Pasadas las fiestas pascuales nos encontramos ahora con varias fiestas en torno al Misterio de Dios y de Cristo, así el pasado jueves, coincidiendo este año con san Antonio de Padua, celebramos a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, este domingo celebramos el Misterio de Dios, de su Nombre, la Santísima Trinidad, el próximo será la fiesta del Corpus Christi, el viernes 28 el Sagrado Corazón de Jesús,… Fiestas que no son un añadido a la Pascua, sino que nacen de la experiencia y celebración de la Pascua y que nos invitan a contemplar y vivir el Misterio de Dios desde la experiencia de la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Esta relación con la Pascua la expresa especialmente la segunda lectura, la de la carta a los romanos: “justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo….   porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo…” Vemos aquí la Trinidad: Dios (Padre), Jesucristo (Hijo), Espíritu Santo, y la referencia Pascual, por medio de Jesucristo alude a su Pasión y Resurrección y termina con la alusión a Pentecostés al indicarnos que el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones. Del Padre procede la paz, del Hijo la fe, del Espíritu Santo el amor, aunque en realidad, fe, paz y amor proceden de Dios y son manifestación del Misterio de Dios en cada uno de nosotros, de los que creemos y hemos vivido el Misterio Pascual, y nos muestran el camino: con el amor, con nuestra capacidad de amar damos testimonio de nuestra fe en el Dios (Comunidad de Amor) que muriendo y resucitando por amor a todos y cada uno de nosotros, reestablece la paz, la armonía universal rota por el pecado y el alejamiento consiguiente de Dios.

Estos misterios: la fe, el amor, la paz universal, Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) es lo que celebramos este domingo, no para explicarlo (no serían Misterios si se pudiesen explicar) sino para vivirlos, y vivirlos desde el amor. El Misterio de Dios que nos acompaña desde el principio, desde la Creación, como se nos narra en el libro de los Proverbios, y es un misterio de amor y ternura desde el principio, el autor usa la imagen del juego: ¿hay algo más tierno que observar a un niño jugando? ¿los padres observando como juega el niño, jugando con él? ¿no son ellos los que pueden afirmar que eso son sus delicias? La sabiduría, Dios, encuentra su delicia en nosotros, cuando nosotros somos capaces de jugar, de reírnos, de ser felices, disfrutando del momento, jugando con,.. El Misterio de la Trinidad nos habla de un Dios que es feliz con nosotros, que quiere nuestra felicidad, que nos invita a vivir y compartir su Misterio y Comunidad de amor.

Para vivir esto nos dejó Jesús su Espíritu Santo, como celebrábamos el pasado domingo y como recordamos en la proclamación del Evangelio de este domingo, un Espíritu que nos conducirá a la verdad plena, a la felicidad plena, aunque no lo entendamos: el amor no se entiende, se vive, es algo que me gusta recordarlo siempre, sobre todo en la relación padre-hijo, si yo para amar a mi padre tengo que comprenderlo, entenderlo, creo que nunca llegaré a amarlo, pero si yo lo amo, aunque no lo entienda, puede que algún día lo comprenda,…, por eso Jesús nos mandó y nos dio su Espíritu para que nos amaramos unos a otros, no para que nos comprendiéramos o entendiéramos.

Que esta celebración aumente nuestro amor a Dios y nuestro amor mutuo.

 

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