Domingo 1 septiembre 2019 (XXII Tiempo Ordinario) / Eclesiástico 3, 17-20.28-29; Salmo 67; Hebreos 12, 18-19.22-24a; Lucas 14, 1.7-14

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Por JOSÉ LUIS BLEDA / Todo llega, acaba agosto y empezamos septiembre, empieza la feria en Murcia, el próximo viernes vuelven los niños al cole, este domingo será mi último domingo como párroco en Algezares; en Ulea, celebraremos la misa por los misioneros difuntos, la última a la que asistiré como delegado de Misiones, ya desde Honduras no me será tan fácil asistir, aunque desde allí estaré unido a los que continúen acordándose de la labor de nuestros misioneros que nos precedieron en la misión y nos preceden en la casa del Padre; y, el próximo jueves, cuando baje la Virgen de la Fuensanta hacia Murcia, celebraré la Eucaristía por última vez como párroco en Algezares…

Y, en este contexto, las lecturas de este fin de semana me hablan de humildad. ¿Soy humilde? ¿He sido humilde? Debo reconocer que precisamente la humildad no es mi don, tiendo a sentirme orgulloso de casi todo: de ser español, de haber nacido en Barcelona, de ser murciano, de ser católico y sacerdote, hasta de ser humilde o más humilde que,…; para, paliar todo esto siempre he querido recordar que ser español no es más que ser francés, italiano, boliviano, camerunés… ni siquiera más que ser catalán, murciano, vasco… ni me hace más, ni mejor, solo que me une a otros muchos y a muchos que hicieron grande lo de «ser español» y no debería dejarlos en mal lugar con mis actitudes y modo de vida; lo mismo el ser sacerdote, no me hace mejor ni mas que cualquier otro bautizado, ni siquiera, mejor o más que un musulmán, un budista, un ateo,…, me hace servidor, servidor de un Misterio en favor de los demás, servidor de los demás, al estilo de Jesucristo, por lo que procuro ante el que presume que es alguien recordar que yo soy sagrado, y, ante el necesitado, recordar que estoy obligado a servirle, a lavarle los pies… Es lo que he intentado e intento seguir haciendo, aunque muchas veces no sale…

Desde aquí, y desde lo que se nos invita a responder en el Salmo 67, he intentado siempre preparar una casa para los pobres, algo, que yo solo nunca he hecho y creo que nunca podré hacer, para eso necesita a la comunidad eclesial, la comunidad representada en cada parroquia por la que he pasado por todos y cada uno de los que forman el equipo de Cáritas, ellos son los que en estos cursos han hecho posible que en el salón parroquial hubiese ludoteca para los niños, clases de formación y empleo, clases de idiomas, reparto de alimentos, escucha al que lo necesita, lo que se ha hecho en este campo, es sin duda para mí, en estos momentos uno de los motivos que más orgulloso me hacen sentirme, sin olvidar todo el trabajo realizado por todos y cada uno de los que habéis colaborado en el vida de la parroquia: catequesis, visitas a enfermos, limpieza, procesiones, gestión del cementerio, archivo…. En este campo, y como párroco, estos cursos he intentado ser uno entre vosotros….

En este camino de humildad, el ejemplo es Cristo, un Cristo que no refleja un Dios potente, estruendoso, desde un monte elevado, sino sencillo, una colina que apena se distingue en la ciudad: el monte Sion, un Dios que no es para la élite capaz de subir a la cima, pues Él ha descendido a la ciudad, para estar entre todos; un Dios que no grita, que dialoga, que no impone, sino que propone, un Dios Mediador, es decir puente, que busca unir, no es un Dios exclusivo, detrás de un muro, que habita una fortaleza en la que nadie puede entrar… A ese Dios solo lo podemos encontrar y mostrar desde la humildad.

El autor del texto, en el centro, con barba, en una de las muchas celebraciones que ha compartido.

El Evangelio, en este caso uno de los que sí es entendido por la mayoría de los fieles, no hay más que fijarse en los asientos que primero se ocupan cuando se llena la iglesia: lo últimos; y, lo que cuesta que se ocupen los primeros bancos… Pero, bromas aparte, he querido buscar fotos de estos años comiendo o compartiendo mesa, ya que Jesús nos pone el ejemplo del banquete, imagen de la fiesta que nos está preparando, e invitación a prepararnos para la fiesta, para mí, estos años en Algezares han continuado mi preparación para esa fiesta (recuerdo en el 2005, cuando me despedí de la parroquia de Cartagena, solo encontraron fotos de banquetes, barbacoas… para resumir los tres cursos que estuve con ellos), pero es eso lo que nos prepara Jesús y lo que resume también la vida, el saber estar, saber compartir la mesa, estar a la mesa, como uno más, el lugar que ocupemos en ella no nos quita ni nos suma nada, precisamente recuerdo una anécdota con un cardenal, después de una conferencia hubo una cena, y él se sentó a la mesa como uno más, no había otro cardenal, habían políticos, diplomáticos, monseñores, curas… y de pronto, uno de los responsables de organización se disculpa por el lugar que le habían dejado, ante lo que el cardenal respondió: «Hijo, no te preocupes, aquí el cardenal soy yo, y desde donde me siente presido». Pero, hay una segunda parte en este Evangelio, y es que para Jesús ser humilde no se queda solo en ocupar el último lugar o ser uno con los demás, sino que además hay que preparar la mesa, el banquete, a los pobres, lisiados,.., a todos los que no pueden pagarte lo que harás por ellos, sigue así la línea de lo comentado en el salmo 67, y nos recuerda que si bien es cierto que hay tres patas para sostener la actividad en la iglesia: celebración (liturgia), enseñanza (catequesis, predicación,..) y caridad (atención a los pobres y necesitados, viendo en ellos a Jesús), sin duda que para Jesucristo la más importante es la tercera y las otras están en función de esta,.. pero ¿lo están de verdad? ¿a qué dedicamos más tiempo y recursos? ¿al culto, las misas, novenas, a la catequesis y formación o a la atención a los necesitados?

No dejar de ser lo que somos, pero sin por ello creernos más ni mejores que los demás, sino sus compañeros de viaje, de fiesta, de banquete, y, sus servidores…, y demostrarlo en todo momento y en todas las dimensiones de la vida.

Gracias por haberme ayudado a vivir esto y seguir adelante teniendo siempre presente la invitación a ser humildes.

 

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