Domingo 11 de mayo 2020 (V Pascua) | Hechos 6, 1-7; Salmo 32; 1ª Pedro 2, 4-9; Juan 14, 1-12.

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Por JOSÉ LUIS BLEDA | Segundo domingo de mayo, que cae en 10 de mayo, fiesta de San Juan de Ávila, patrono de los sacerdotes españoles, y aquí en Honduras día de la madre. Desde aquí, antes de compartir mi reflexión sobre las lecturas de este domingo hacer llegar mi felicitación a todos mis hermanos sacerdotes de España, y, a todas las madres hondureñas, extensible a todas aquellas, que siendo madres o no físicamente, si se portan como auténticas madres para otros, especialmente con nosotros, y ¡son tantas!, que solo menciono de pasada a las religiosas que trabajan en nuestra parroquia y que nos cuidan como hermanas y madres…

En este domingo se nos invita a releer el inicio del capítulo 14 del Evangelio de Juan, donde el evangelista comienza a recoger las palabras de Jesús en la última cena, tras predecir la negación de Pedro. Este discurso, la última enseñanza de Jesús a los suyos, menos a Judas que ya se había ido, ahora se nos invita a escucharlas pero desde la experiencia de la Resurrección, ya celebramos la Resurrección, hemos escuchado en los domingos anteriores relatos de la presencia de Jesús Resucitado, se nos ha invitado a experimentar su Misericordia, la Misericordia de Dios que se manifiesta plenamente en Jesús Resucitado, que es Pastor de todos nosotros, y hoy, al releer el inicio de su última enseñanza, me quedan tres ideas de este discurso que nunca debería olvidar:

  1. En Jesús, con Jesús, hay sitio para todos, todos cabemos.
  2. Para entrar, para estar con Él, llegar con Él, Él es el camino.
  3. Ya lo hemos visto, le hemos visto a Él y al Padre, o ¿no?

Precisamente hace unos días corría por las redes la noticia de que el Papa Francisco, por medio de su limosnero, había hecho llegar una ayuda a los transexuales que se dedicaban a la prostitución y que con motivo de la cuarentena del covid-19 lo estaban pasando francamente mal: una muestra de que en Jesús todos cabemos. El Evangelio es una Buena Noticia para todos, al menos debe serlo, sin exclusiones de ningún tipo, y quien verdaderamente lo vive y ha experimentado al Resucitado, lo sabe, por eso, cuando alguien se presenta como cristiano, más cristiano que otro, y en su discurso empieza a excluir, rechazar, marginar, condenar a otros por sus ideas, su moralidad, su origen, su posición social, … Ni es cristiano, ni conoce al Resucitado, ni ha entendido y asimilado lo que pudo recibir en catequesis, simplemente miente, se miente a sí mismo y a quienes le escuchan.

El camino es Jesús, el Jesús que pasó por la vida de tantas personas haciendo el bien, tocando y sanando a los leprosos, siendo rechazado precisamente por eso, siendo criticado, juzgado y condenado por las autoridades sociales, religiosas, morales y políticas de su sociedad y de su época, compartiendo la suerte de los rechazados (la cruz), y resucitando, para ofrecer su vida, la vida, a todos, también a quienes le condenaron. Vivir lo que él vivió, construir una sociedad donde se fomente el acercamiento al otro, la acogida, la ayuda fraterna, ese es el camino, el único camino, que nos permitirá llegar y entrar a dónde está Jesús esperando, hay sitio para todos, pero tenemos que llegar allí, y para llegar hemos de recorrer ese Camino, vivir esa Verdad y llegar a la Vida que es Jesús y que nos ofrece el Evangelio.

Hace falta creer en Jesús, acercarnos a esa piedra que fue rechazada, y construir desde ella nuestra vida.

Pero recorrer eso es muy difícil si no somos capaces, de vez en cuando, de ver a Jesús con nosotros, como lo vieron los discípulos de Emaús; necesitamos, como Felipe, ver al Padre, ver a Jesús, saber que vamos por el camino correcto,… Jesús, en su respuesta a Felipe nos da dos signos que nos permiten verlo y verlo aquí y ahora: su Palabra, la que como ahora estamos reflexionando y meditando, y sus obras: hoy, las obras de la Iglesia. Junto con mi hermano y compañero Pablo, está semana de manera muy especial, soy testigo de esa obra, de esas obras de Jesús… Hace unos días recibimos una donación de 15.000 lempiras, para repartir en alimentos entre los más necesitados de la parroquia, y así lo hicimos, salió para 50 lotes de alimentos,…; la semana pasada con recursos de la parroquia, se pudieron repartir otros 20 lotes,… esta semana, gracias a numerosas donaciones de gente que forma esta parroquia, se han podido repartir más de 50 lotes,…, eso sin contar la ayuda que de vecino a vecino, que los creyentes y fieles de cada zona, están dando directamente a quiénes saben que la necesitan,… A veces se piensa que tiene que llegar ayuda de fuera, que nosotros no tenemos, no podemos,…. Si hemos visto a Jesús, creemos en Él, queremos estar con Él, podemos, tenemos y compartimos, y nos convertimos en signo de ese Reino del Resucitado.

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Pero, para esto, hace falta, como leemos en la segunda lectura, creer en Jesús, acercarnos a esa piedra que fue rechazada, y construir desde ella nuestra vida. La religión, la práctica religiosa, no es un fin en sí misma, es el camino, un medio, un apoyo o soporte para recorrerlo, la meta es la vida con y en Cristo, en ese lugar donde todos cabemos, ese es el fin, y si la práctica religiosa (la comunión, los sacramentos, la oración, la vida de piedad,..) no nos lleva al compromiso social y fraterno, no sirven, mejor ponerlas en cuarentena, y buscar por otro lado, quizás, desde esta perspectiva lo que estamos viviendo puede ser de gran ayuda para la fe, la vida de comunión y el seguimiento de Cristo.

Y, termino con una breve alusión a lo que se nos ofrece como primera lectura: la elección de los diáconos. La Iglesia crece, cada vez somos más, la tarea es mayor, y vienen las quejas y los roces, ¿qué hacen los apóstoles? Buscan la solución, no en el callar las quejas, no oírlas, sino en pedir a los que se quejan que elijan, designen a quiénes creen que pueden ayudarles a resolver el problema. La tarea de la caridad la llevaban ellos, todos judíos, al crecer hay cristianos que también eran judíos pero venían del mundo griego, los helenistas, y ellos son los que se quejan…, solución, ellos la tienen que dar, y serán 7 diáconos, los 7 del mundo helenistas, los que se encarguen desde ese momento de la caridad de la comunidad. Pero ellos no quedan solos, para llegar a esa solución todos oran, invocan al Espíritu Santo, los helenistas confían en los Apóstoles, los hebreos aceptan el servicio de los diáconos. Tanto en España como en Honduras, con distintos matices, he visto críticas feroces de unos a otros por la gestión de la crisis motivada por el covid-19,…, es cierto que no se debe callar lo que se hace mal, pero no es menos cierto que también debemos orar por quiénes deben tomar las decisiones, que debemos lealmente colaborar para salir de la situación de peligro, que debemos aportar y construir unos con otros, no solo quedarnos en la denuncia, la queja, la protesta, sin aportar solución. He visto insultos, descalificaciones, incluso escritos por sacerdotes, he echado de menos, una llamada a la oración por los gobernantes, por los que tienen que tomar decisiones… Ojalá tomemos nota de los apóstoles, y contemos los unos con los otros, sin excluir, ya que Jesús no excluye, tiene sitio para todos, como una verdadera madre.

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