Domingo 16 de agosto 2020 (XX Tiempo Ordinario) | Isaías 56, 1.6-7; Salmo 66; Romanos 11, 13-15.29-32; Mateo 15, 21-28

Imagen de Ben Kerckx en Pixabay

Por JOSÉ LUIS BLEDA FERNÁNDEZ |  Ayer celebrábamos la fiesta de la Virgen de Agosto, en España y en la mayor parte del mundo, la fiesta de la Asunción, pero también para los ecuatorianos, especialmente, la de la Virgen del Cisne, la Paloma de los madrileños, la Virgen de los Reyes de los sevillanos,… Tanto es así, que ya antes de la declaración del dogma de la Asunción de María, se conocía el 15 de agosto como la fiesta de las mil vírgenes, ya que era el día donde más lugares del mundo celebraban una advocación de la Virgen… Bueno, pasada esta fiesta nos encontramos con este evangelio, donde se nos presenta una imagen de Jesús que no se corresponde ni con el Jesús de las Bienaventuranzas, ni con el de la multiplicación de los panes y peces, ni con el que ando sobre el mar, más bien parece un líder de un partido xenófobo como VOX u otros de los que surgen en estos tiempos…

Jesús se muestra indiferente ante los gritos de la mujer, de la madre que sufre por su hija,… Hasta sus discípulos sienten compasión de ella, e interceden a Jesús, aunque sea porque sus lamentos y gritos les molestan… Pero Jesús responde con una frase que bien podrían usar algunos de dichos políticos en sus mítines: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Es el famoso “Primero nosotros”, el primero los americanos de Trump o el primero los españoles de Abascal… ¿Está Jesús justificando el nacionalismo judío, la concepción de un pueblo elegido que lo merece todo frente al resto de las naciones que no merecen nada? o ¿Está intentando mostrar Jesús a sus discípulos lo cruel, lo irracional, lo inhumano de una ideología nacionalista y excluyente?

Si leemos bien el Antiguo Testamento, la historia del pueblo elegido, de Israel, como pueblo de Dios, nos podemos encontrar con que el hecho de que los judíos se considerarán por encima del resto de los pueblos, los gentiles, es una falsa interpretación de la elección de Dios, pues si bien es cierto que Dios los elige a ellos, les salva de la esclavitud y los lleva a la Tierra Prometida, no es cierto de que Dios excluya al resto de los pueblos, es más, en ocasiones, serán los reyes de otros pueblos, como Ciro, quiénes sean elegidos por Dios para intervenir en la historia….Pues, la salvación de Dios es universal, es para todos los pueblos y todas las naciones, por eso, como se proclama en el salmo 66 todos los pueblos son llamados a alabar a Dios. Pero no sólo se reduce a una invitación a la alabanza al Dios de los judíos, que implica reconocerlo por encima de los otros dioses, sino que los mismos judíos, para conseguir su salvación tienen que contar con los otros pueblos, así, en la primera lectura el profeta Isaías pide a los judíos que velen por los derechos de los demás, es decir, por los derechos de los extranjeros, porque va a llegar la salvación, se va a manifestar la justicia de Dios, salvación y justicia que es para todos los pueblos, también para los gentiles, por ello, la profecía continúa afirmando que los extranjeros que sirven al Señor serán colmados de alegría en la casa del Señor y sus sacrificios serán gratos en su altar, frente a tantas veces como los profetas tuvieron que decir a su pueblo que sus sacrificios no agradaban a Dios. No es posible agradar a Dios si se rechaza al hermano, al extranjero.

La segunda lectura profundiza también este tema, Pablo había optado por evangelizar a los gentiles, y, con sus más y menos, tuvo que vivir situaciones desagradables, y superar con Pedro, el primer intento serio de división entre los seguidores de Jesús: los de procedencia judía, que querían que los gentiles se hicieran judíos para poder ser cristianos, y los evangelizados por Pablo y Bernabé que habían sido bautizados sin circuncidarse, es decir, no hacía falta ser judío para seguir a Cristo. Si en un principio el rechazo viene por parte de los de origen judío, luego, las circunstancias darán la vuelta a la realidad, y cuando la mayoría de la comunidad es de origen gentil, se produce el rechazo hacia los cristianos de origen judío. Prevenir y evitar esto es lo que motiva estas letras de Pablo a los romanos: él ha consagrado su vida, su ministerio a evangelizar a los judíos, pero también, a provocar la conversión de los judíos, pues lo que Dios quiere no es que unos estén por encima de los otros, sino que todos lo reconozcan y disfruten de su Misericordia, ya que Dios mantiene su elección, y si por el rechazo de los judíos, todos podemos formar parte del nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, el pueblo de Israel no ha dejado de ser pueblo elegido, aunque no viva como tal. La meta es que todos formemos parte del mismo pueblo, todos construyamos el mismo Reino, todos seamos uno en Cristo, sin que nadie quede excluido.

¿Tan difícil es entender esto? ¿Por qué tanto miedo, rechazo, a los pobres que huyen de la guerra, de la violencia, del hambre?

Jesús no sólo termina atendiendo al petición de la mujer, sino que la llama de la misma manera como llamó a su Madre en la cruz: Mujer, (mujer es Eva, es María, es está sirio-fenicia, es la Samaritana, la Magdalena,…, no ha diferencia), y frente al hombre de poca fe, que era Pedro en el Evangelio de la pasada semana, de esta afirma: “¡qué grande es tu fe!” Deja claro que con la exclusión, el racismo, el nacionalismo excluyente, no puede haber fe…. La fe abre el corazón, la mente, el alma, para ver siempre al otro como propio, no como diferente. Señor, aumenta nuestra fe.

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