Domingo 21 de febrero de 2021 | Génesis 9, 8-15; Salmo 24; 1ªPedro 3, 18-22; Marcos 1, 12-15

Por JOSÉ LUIS BLEDA FERNÁNDEZ | Ya llegó la Cuaresma, y llega en un momento que en España se vive con alivio y esperanza por el descenso de la curva del coronavirus y el inicio de cierta reapertura, y con la violencia social que ha estallado sobre todo en Barcelona y Madrid, …
Este año seguimos el Evangelio de Marcos, el único que no entra en detalle en las Tentaciones de Jesús, simplemente resume en tres líneas o tres versículos los 40 días de Jesús en el desierto: la cuarentena. Cuarenta días de formación, de preparación: fueron 40 años los que necesitó el pueblo de Israel, liberado de la esclavitud, para prepararse para entrar en la Tierra Prometida; ahora, Jesús, tras su Bautismo, pasa 40 días de preparación para iniciar su Misión, para traer el Reino de Dios e invitarnos a la conversión. El pueblo de Israel fue tentado a fabricarse su propio Dios (el becerro de oro); el hambre y la sed le llevo a criticar a Moisés y a quejarse de Dios; y el miedo a los otros pueblos, le llevó a preferir quedarse en el desierto a cruzar el Jordán. Hace falta el desierto, la soledad, para prepararnos, necesitamos tiempos y espacios de silencio, de oración, de meditación, necesitamos experimentar lo que tenemos a nuestro alrededor: las fieras, la violencia, los miedos, y, al mismo tiempo ver como todo eso lo podemos superar, pues contamos con la ayuda que viene de lo alto: los ángeles lo servían… Conocer el mal que nos rodea, en medio del que estamos, y estar seguros de que podemos vencerlo, es imprescindible para lanzarnos a la Misión.

Dar misericordia es vivir la Cuaresma

 

Solo desde esa experiencia doble, es como podemos vivir el Evangelio, ser sus testigos, anunciarlo. Tenemos que estar convencidos del pacto de Dios: Dios no volverá a destruir la Tierra, no habrá otro Diluvio, … Es el compromiso de Dios, un compromiso que tiene el arco iris como símbolo. Esa experiencia es la experiencia de la Misericordia, nuestra miseria (las fieras) y el corazón, el corazón de Dios que responde con amor ante la miseria (los ángeles le servían). Caminar por las sendas de la misericordia, conjugar, como nos ha invitado el Papa Francisco, el verbo misericordiar, recibir misericordia, dar misericordia, eso es vivir la Cuaresma. Y, si al ver el mundo, pensamos que solo no podemos, que somos pocos, que siempre son más los violentos, los malos, … recordar la segunda lectura, la Pasión de un Inocente da la salvación a todos, sólo 8 personas (las que subieron al arca) regeneraron la tierra, y consiguieron la promesa de Dios de que no volvería a ser destruida, … Nosotros, por pocos que seamos, por muchos que sean los retos y los obstáculos, podemos hacerlo, pues el Espíritu que empujó a Jesús al desierto, es el mismo Espíritu que nos empuja a nosotros en esta Cuaresma.

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